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2024
Argentina

José Matusevich

El parlêtre y la sesión breve

Pasé por cuatro experiencias diferentes de análisis, la primera con una analista kleiniana, otra freudiana, luego dos lacanianos. Los primeros fueron según la ortodoxia de los cincuenta minutos, los otros con la sesión de tiempo variable y luego la sesión breve.
Con las sesiones que duraban apenas unos minutos tuve la experiencia que el tiempo de las sesiones era otro, esos pocos minutos eran muy intensos y nada tenían que ver con el tiempo cronológico: si miraba el reloj habían pasado cinco minutos y mi sensación era como si hubiera pasado mucho más tiempo.
 El tiempo de la sesión tenía una densidad desconocida.
Muchas veces me pregunte el porqué de esta sensación, y qué llevó a  Lacan a buscar ese efecto.
Aunque quizás no coincidan los tiempos entre la  práctica de la sesión breve y el concepto de parlêtre, este último la eleva a aquella a ser un principio y no un estándar.
Para poder demostrarlo sostendré: Lacan, al proponer la sustitución del inconsciente por el parlêtre pone en cuestión la subjetividad, y por lo tanto es necesario saber cuáles son las nociones de espacio y de tiempo que corresponden a la experiencia  del parlêtre. Digamos que Lacan sostuvo  varias veces la necesidad de una estética trascendental que esté de acuerdo con la experiencia del psicoanálisis.

 Lo real, lo imaginario y lo simbólico son las tres dimensiones que anudadas de forma borromea conforman el espacio del parlêtre, que es lo que Lacan nos legó para orientarnos, parafraseando el seminario que dió en Caracas.
Ahora bien ¿cuál sería el tiempo que está en juego en esta experiencia?
 En “Respuesta a los estudiantes de filosofía”, artículo ubicado en Otros escritos podemos leer: “Por el solo hecho de considerarlo en el Tiempo, ese sujeto del ‘yo pienso’ revela lo que él es: el ser de una caída. “Yo soy ese que piensa”: luego “yo soy” -ya lo comentado en otra parte-  destacando que el “luego”, rasgo de la causa, divide inauguralmente el “yo soy” de existencia y el “yo soy” de sentido”.
 Sin duda Lacan extrajo esta idea de la segunda de las “Meditaciones Metafísicas”, sobre todo de la pregunta que se hace Descartes: “en tanto  yo pienso, yo existo, tengo certeza de  ser una cosa que piensa y existe, y entonces ¿si dejara de pensar dejaría de existir?” Sin resolver esta cuestión se desliza a “¿qué soy yo?”, pasando así del cogito al cogitatum, o sea del acto de pensar a el contenido del pensamiento.
La lectura que Lacan hizo en el Seminario sobre la identificación   sobre la pregunta ¿si dejo de pensar dejo de existir?, y la eleva a una paradoja igual a la del mentiroso. Y la  solución a ésta es la división entre enunciado y enunciación, a nivel de el enunciado miento pero a nivel de la enunciación sé que miento. Pienso a nivel de la conciencia, y aunque deje de

pensar  sé que pienso a nivel del inconsciente. El saber me permite salir de la paradoja.
Es así que construye el concepto de sujeto supuesto al saber, que luego iguala a la noción de inconsciente.
Una de las consecuencias que se desprende de la solución que encontró es poner el acento en el “yo soy de sentido”. Por eso la existencia aparece como caída en el referente aún latente (objeto a), que aunque no aparece escrito en la fórmula del sujeto supuesto saber, es mencionado así en la Proposición de Octubre.
En la introducción al seminario XI en inglés Lacan introduce el inconsciente real, que es opuesto al sentido, y por lo tanto también al sujeto supuesto saber.  Es claro que lo caído deja de estarlo (la existencia) ya que lo estaba por efecto del sentido.
La pregunta de Descartes ¿Cuánto tiempo? Tiene dos respuestas según sea el tiempo de la existencia o el del sentido.
Rápidamente vemos la diferencia: el primero es del orden del instante, la existencia, el “yo soy”; el otro, el de la serie, consecuencia de lo caído, el que “soy yo”.

Tiempo y repetición
Para Lacan la repetición es un concepto central del psicoanálisis, y este no es pasible de ser separarado de la noción de tiempo y espacio.

Ahora bien no hay solamente una noción de tiempo, hay por lo menos tres, una la del significante, que Freud llamo a posteriori y Lacan punto de capitón, y otra que podríamos resumir como: “la relación del uno  determinando al efecto de perdida”, que Lacan escribe así: 1/a=1+a

Esta fórmula que encontramos en el seminario De Un Otro al otro, explica al rasgo unario como causa de que la cosa aparezca como perdida, y a partir de este momento originario demuestra cómo la repetición del 1/a es congruente con la serie de Fibonacci,  y el numero de oro produce el objeto como plus de goce.



Este esquema que está en el capitulo “El Uno y el pequeño a” sintetiza la idea de que para que percibamos esta  repetición, necesitamos un tiempo que incluya un más acá, un ahora, y un más allá, o sea un tiempo que se inscriba en una serie discreta.
Esto es coherente  con la sesión de tiempo variable, pues no hay variabilidad sin una serie discreta, o sea la diacrítica del significante y un efecto de pérdida, es decir repetición y diferencia.
El cuerpo y su goce quedan bajo la égida de la mortificación y lo imposible.
J.A. Miller sostuvo que la última enseñanza de Lacan comienza con la sustitución del Otro por el cuerpo.
¿Pero de qué cuerpo se trata? En la conferencia del inconsciente y el Parlêtre,  lo aclara situándolo en lo real, nombrándolo como “los misterios del cuerpo que habla”.
Para entrar en esos misterios se refiere a la sexta meditación de Descartes, a Husserl de las Meditaciones cartesianas y a Lo Visible y lo Invisible de Merleau Ponty, y hace referencia a la idea de carne de los dos fenomenólogos.

La carne no es el cuerpo imaginario ni el simbólico, es el del goce del encuentro de la carne (cuerpo vivo) en tanto es sensible a lalengua o sea el sinthome, mientras el cuerpo imaginario-simbólico es el cuerpo mortificado por el lenguaje del síntoma.
Este último, como quedo demostrado, se experimenta en un tiempo que podemos llamar cronológico, discreto.
El cuerpo real ex-sistente, no está caído, sino que se presenta bajo la repetición de lo mismo, es lo que Miller llamó iteración, o sea hay del goce.

Recordemos que partimos de dos tiempos, el del ‘yo soy’ como existencia versus el ‘yo soy’ del sentido. El primero es del cogito sin contenido, solo instante, fuera de cualquier medida, el hecho de pensar. El segundo es el pensamiento del pensador que comprende el tiempo de comprender y el momento de concluir, discreto, por lo tanto medible.

Las llamadas sesiones breves tienen como principio que:

  1. La experiencia psicoanalítica se orienta hacia lo real que es ex-sistencia.   
  2. Lo real es disyunto del sentido.
  3. Solo debe alcanzar el instante de ver.
  4. El tiempo de comprender y momento de concluir, están solo del lado del “yo soy de sentido”.
  5. El efecto buscado es dar el tiempo necesario para alcanzar la sensación de hay del goce, que no puede implicarse en el lenguaje, y que se traduce en la experiencia de la escisión del tiempo en cronológico y real.
  6.  “Eso se siente, y una vez sentido, eso se demuestra”; Jaques Lacan Otros escritos, “Joyce el síntoma”.

José Matusevich
Noviembre 2014

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